Psicología adultos

Consejos para acabar con el “tengo hambre a todas horas”

Un aperitivo con su cervecita. Una buena ensalada césar, bien de queso y bacon. Un plato de chuletas de cordero. Frititas, crujientes. Y con patatas para acompañar. Menuda comida; un festival calórico digno de un emperador romano. Pero, ay, ¿cómo decir que no a esa mousse de chocolate? Y a la galletita que ponen con el café. “Bueno, al menos, no cenaré”, pensamos. Un yogur y a la cama. Pero de eso, nada, porque tiene hambre a todas horas y llegan las nueve y al yogur se le suman una tortilla de queso y un par de lonchas de jamón. En resumen: todo el día comiendo.

 psicologo oviedo

Pero, ¿cómo es posible? Sencillo: porque el apetito y la sensación de saciedad no están siempre relacionados con la ingesta de alimentos.  El hambre no está vinculada a la cantidad de calorías ingeridas. Al menos, no únicamente, porque hay mucho más: al previsible gasto de energía —por aquello de que el cuerpo es iteligente y sabe cuándo debe parar— hay que sumar los estímulos visuales y olfativos, los hábitos alimenticios y otros factores sociales, psicológicos y emocionales. Vamos, que al hambre no sólo se la combate comiendo. Entonces, ¿cómo?

El hambre está en su cabeza (y más)

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