Psicología infantil

Niños que se autolesionan, ¿qué está pasando?

Cada vez son mas los adolescentes que entran en nuestra consulta con estos síntomas, os dejamos un artículo interesante:autolesiones-2

Sustituir el dolor emocional por uno físico. Distraer la soledad. Aplazar la angustia. Darle salida a la frustración de los problemas que uno solo no sabe solucionar. Esos son los motivos de algunos jóvenes para autolesionarse. Cortarse la piel es la única forma de adormecer un carrusel de emociones que no han aprendido a controlar. Y la cifra de adolescentes que se provocan heridas va en un aumento. En lo que va de año, la Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgos (ANAR) ha registrado 507 llamadas en su teléfono de ayuda. En todo 2014 se registraron 344, mientras que el año anterior fueron 176. Una subida alarmante que preocupa a los profesionales.

El fenómeno de la ‘soledad acompañada’ es el principal culpable de este problema. Aunque estos adolescentes viven hipercomunicados a través de las redes sociales y de aplicaciones como el Whatsapp, sienten un aislamiento emocional que les impide compartir sus preocupaciones y frustraciones con su familia. A veces es real, otras es una sensación, pero en cualquier caso levanta un muro de cristal entre el joven y sus padres. También existen ‘tribus urbanas’ que tienen las heridas como señas de identidad, como los ‘emos’ o los ‘góticos’, pero son minoría dentro de toda esta problemática y su origen y solución son muy distintos.

“Conciliar vida laboral y familiar es una utopía. Los padres sufren porque no pueden estar con sus hijos y no pueden ejercer control parental”, comenta Benjamín Ballesteros, doctor en Psicología y director de Programas de la Fundación ANAR. Las exigencias del mercado laboral hacen que en muchos hogares los progenitores tengan que pasar el día fuera para poder afrontar todos los gastos de la casa, lo que acaba repercutiendo en la relación con sus hijos en muchas ocasiones.

A la etapa tan complicada de cambios que supone la adolescencia, se une el fenómeno de ‘los niños llave’, chicos que se pasan las tardes solos, distraídos con la televisión, la consola o el ordenador. En vez de realizar actividades al aire libre con las que aprenden a relajarse, como el deporte, o a socializar, como los juegos en el parque, algunos desarrollan una realidad paralela en videojuegos o en internet. “Hay casas en las que los dos trabajan para pagar hipoteca y llegar a fin de mes. En el mejor de los casos los abuelos se convierten en una figura de referencia para los niños, al final son los cuidadores principales, pero fallecen antes y los niños se quedan huérfanos antes de tiempo. Otros se quedan solos o con cuidadoras que van cambiando. Les dan una ‘tablet’, teléfono móvil, un ordenador con conexión a internet y se crean una personalidad en esa realidad virtual que llevan al aislamiento social en la realidad. Allí expresan cómo se sienten, lo que le gustaría hacer y se vuelven populares a través de un fenómeno negativo”.

El ‘efecto contagio’ y la facilidad con la que se encuentra en la red todo tipo de información sobre cómo autolesionarse ha hecho que las cifras se disparen. Solo hacen falta dos minutos para teclear y encontrar varias técnicas en foros de internet o incluso vídeos de Youtube. Al igual que pasa con las páginas que promueven la bulimia y la anorexia, el recorrido legal es complicado. “Cuando consigues cerrar una, aparece otra nueva al día siguiente”, asegura Ballesteros.

El suicidio, otro problema en la adolescencia

Otro de los temas que preocupa a los expertos es el suicidio, que es la segunda causa de fallecimiento de adolescentes según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hasta 800.000 personas al año se provocan su propia muerte en todo el mundo. Ambas situaciones ponen de manifiesto la incapacidad de algunos jóvenes de resolver sus problemas y el intento de hacerlo por una vía de escape tan extrema como son el dolor y la muerte.

Según los datos de ANAR, el 74% de las personas que llaman a su teléfono de ayuda a niños y adolescentes (900 20 20 10) y confiesan tener ideas suicidas son mujeres. En este caso, esto no quiere decir que ellas intenten acabar con su vida mucho, sino que las jóvenes son capaces de comunicar sus problemas y pedir ayuda. Ellos prefieren callar. “Las chicas lo intentan más veces, pero son más hombres los que lo consiguen”, comenta Ballesteros.

Según este experto, en estas cifras intervienen también los roles de género. Las mujeres expresan más sus intenciones, pero a ellos les han educado en que pedir ayuda es un síntoma de debilidad, por lo que no suelen recurrir a sus padres ni a profesionales cuando aparecen estas ideas destructivas. Un error mortal que una educación más igualitaria podría ayudar a solucionar. Siempre hay que acudir a los expertos.

Pero si hay un dato que llama la atención entre estas cifras es el de los niños: en 2015, ya se han detectado 15 casos de menores de 10 años con ideas suicidas en el teléfono de ANAR. “Tienen curiosidad por la muerte y en internet encuentran todo tipo de información”, explica Ballesteros.

Cómo abordar las autolesiones

Volviendo el foco a las autolesiones, en la mayoría de los casos los jóvenes esconden sus heridas y procuran cortarse o quemarse en zonas donde sus padres no lo pueden ver. Por tanto, cuando sus progenitores lo descubren, suele ser ya un hábito. Cuando se deciden a llamar al teléfono del Adulto y la Familia de ANAR (600 50 51 52) suelen estar desconcertados.

“Los padres no saben cómo reaccionar, a veces les regañan o piensan que son cosas de adolescentes y no tiene importancia. Lo que tienen que hacer es indagar en las causas. A veces detrás de este tipo de fenómeno se esconde otra problemática: enfermedades mentales, ‘bullying’, drogas o violencia. Siempre hay que buscar ayuda especializada y pedir la valoración de un psicólogo o un especialista en salud mental”, comenta el director de programas de ANAR.

Aunque los jóvenes suelen tener cambios de carácter, hay pequeños síntomas que deben alarmar a los padres. La tristeza profunda (que no se combina con la euforia propia de los adolescentes), que los chicos no quieran relacionarse con su familia ni con sus amigos o que tengan conductas ‘extrañas’ como hacer cartas de despedida o ser agresivos.

Ballesteros insiste en lo importante que es armar a padres y a hijos con herramientas para frenar este fenómeno que va en aumento: “Hay que validar sus emociones, abrazarles incondicionalmente e intentar comprenderles. Y por supuesto, buscar ayuda profesional”. La fundación ANAR ha elaborado un decálogo para padres que se encuentran con que sus hijos se autolesionan o tienen ideas de suicidio.

  1. Hacerles caso y darle importancia a sus avisos. Si expresan desinterés por la vida o hablan de sus ideas suicidas no hay que regañarles, pensar que “son cosas de adolescentes” o acusarles de querer llamar la atención. Hay que intentar investigar el origen de estos pensamientos.
  2. Validar sus emociones. Hay que animarle a que se exprese e intentar comprenderle.
  3. Evitar momentos de tensión familiar. Hay que evitar peleas y crear un ambiente estable sin negatividad.
  4. Tratar de comunicaros y buscar las causas de esas ideas. Hay que intentar hablar con él desde la tranquilidad y con una actitud comprensiva para descubrir qué hay detrás de esa necesidad de evasión.
  5. Enseñarle la temporalidad de las situaciones. Hay que inculcarle que los problemas son solucionables, pero que hay que encontrar cómo hacerlo, animándole a pedir ayuda profesional.
  6. Compartir los problemas nos ayuda a solucionarlos. “Los adolescentes tienden a pensar que lo que están viviendo no le sucede a nadie más, que nadie les puede comprender y se aíslan”, describe la web de ANAR. La comunicación permite descubrir opciones que por sí mismos no hubieran descubierto. Hay que enseñarles el valor de compartir sus problemas y emociones.
  7. Si vuestro hijo pasa mucho tiempo ‘enganchado’ a las redes. Hay que negociar con él, no prohibírselo. Sobre todo, hay que controlar aquellas páginas donde los jóvenes comparten experiencias e ideas suicidas.
  8. Si está aislado socialmente de forma prologada. Hay que proponerle actividades que puedan aumentar su autoestima y su integración, como una tarde de cine, deporte o música.
  9. Tratar de que esté acompañado el mayor tiempo posible. Si se ha descubierto alguna idea suicida, hay que procurar no dejarle solo y quitar de su alcance cualquier objeto lesivo como objetos punzantes, cortantes o los medicamentos.
  10. Buscar ayuda psicológica. Hay que buscar siempre ayuda profesional, no podemos solucionar los problemas solos
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